Entrevista Raquel Caldero, responsable voluntariado Fundación Astier
Hablamos con Raquel Caldero, responsable de voluntariado de Fundación Astier, para conocer de cerca qué significa ser voluntario o voluntaria en nuestra casa. Una conversación sencilla, sincera y muy humana sobre acompañar, compartir tiempo y dejarse tocar por los vínculos que nacen en el día a día con las mujeres de la fundación.
¿Qué es para ti el voluntariado en Fundación Astier?
Para mí, el voluntariado en Fundación Astier es, sobre todo, acompañar. La persona voluntaria que viene entra en la casa de 149 mujeres y está presente en algún momento de su vida cotidiana: puede estar en un taller, en una actividad de ocio o simplemente compartiendo tiempo con ellas. Acompañar es estar ahí, formar parte de un momento de su vida, y eso es lo mejor que puede aportar un voluntario.
¿De qué maneras puede participar una persona voluntaria?
Hay muchas formas de acompañar. Se puede participar en los talleres ocupacionales, apoyando a nivel grupal o individual, o en actividades de ocio por la tarde. También está el acompañamiento de fines de semana: salir a pasear, compartir un desayuno… actividades más de tú a tú, donde la compañía es más directa y cercana.
¿Qué hace diferente al voluntariado en Astier frente a otros espacios?
Aquí vienes a una casa. No es un sitio de paso ni un lugar donde las mujeres están solo unas horas y luego se van a sus hogares. Esta es su casa. Te abren las puertas como lo haríamos cualquiera de nosotros cuando invitamos a alguien a tomar un café en nuestro hogar. Te acogen con un cariño muy especial, muy auténtico.
¿Qué se lleva una persona voluntaria después de la experiencia?
La mayoría viene con muchas ganas de aportar: preguntan qué pueden hacer, qué actividades proponer… y cuando se van, se dan cuenta de que lo que pensaban aportar era muy poco en comparación con todo lo que reciben. El cariño, la compañía, el vínculo tan bonito que se genera con las mujeres es enorme. Siempre digo que venimos a dar, pero al final acabamos recibiendo mucho más.
¿Qué impacto tiene el voluntariado en la vida de las mujeres?
Regalar tiempo ya es, de por sí, una ayuda muy genuina. Eso se nota muchísimo. Las mujeres agradecen esa presencia, ese cariño. Los voluntarios aportan un “rayito” de naturalidad, de frescura, una mirada nueva que les viene muy bien en su día a día.
¿Hay algún momento que te haya marcado especialmente?
Más allá de los momentos bonitos que se viven con los voluntarios, me quedo con algo muy significativo: cuando un voluntario deja de venir un par de semanas sin avisar, las mujeres preguntan por él o por ella. “¿Cuándo viene mi voluntario?”, dicen. Eso habla del vínculo tan real que se crea.
¿Qué le dirías a alguien que esté pensando en hacerse voluntario o voluntaria?
Que venga. Que pruebe. Que se deje conocer y que conozca a las mujeres, su rutina y cómo funciona la fundación. Que vea que estamos aquí, que se acerque sin miedo. Porque una vez entras, te dejas llevar por su cariño… y ya no te quieres ir.
Si tú también quieres vivir el voluntariado desde el acompañamiento, el vínculo y la cercanía, Fundación Astier te espera con las puertas abiertas.
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