En Fundación Astier, cada día comienza con la misma energía y el mismo propósito: disfrutar de la vida. Nuestro hogar está lleno de mujeres con discapacidad intelectual que, con apoyos personalizados, construyen su propio proyecto de vida independiente.
Mañanas con energía y autonomía
El día empieza temprano, sobre las 7:30 de la mañana, cuando las primeras luces entran por las ventanas de nuestros hogares. Cada mujer se levanta a su ritmo, se ducha y se arregla para empezar la jornada. Algunas prefieren elegir su ropa con tiempo; otras ya tienen todo preparado la noche anterior. En Fundación Astier, cada pequeña elección forma parte de la libertad de cada persona.
Después de arreglarnos, llega uno de los momentos más agradables del día: el desayuno. Nos gusta compartir este rato, hablar de lo que soñamos, de lo que haremos en el día y, por supuesto, disfrutar de un buen café (descafeinado 😉) o un vaso de leche caliente. Ellas mismas preparan el desayuno, recogen y limpian el espacio.
En nuestros hogares, todas colaboramos en las tareas domésticas. Hacer las camas, ayudar en la lavandería o mantener limpio nuestro entorno no son solo responsabilidades, sino también oportunidades para sentirnos orgullosas.
Talleres ocupacionales: creatividad, aprendizaje y comunidad
A media mañana, sobre las 10:30, comienzan los talleres ocupacionales. Cada una participa en el que más le gusta o se adapta mejor a sus intereses. Tenemos talleres tan variados como el de velas artesanales, donde el aroma y los colores llenan la sala de calma y creatividad, o el taller de arte, donde dejamos fluir la imaginación y la expresión personal.
Estas actividades no solo estimulan la creatividad, sino que también fortalecen la autoestima y la sensación de pertenencia. Son espacios donde aprendemos, compartimos y descubrimos que todas tenemos algo valioso que aportar.
Comida, descanso y vida tranquila en comunidad
Después de los talleres, llega la hora de comer. En nuestro comedor nos espera un menú delicioso y equilibrado, preparado con cariño por nuestras compañeras de cocina. Compartir la comida es un momento de encuentro: hablamos, reímos y celebramos los pequeños logros del día.
Tras el almuerzo, llega el momento del descanso. Algunas prefieren echar una pequeña siesta; otras aprovechan para ver la tele o escuchar música. Son instantes de tranquilidad.
Las tardes en Fundación Astier suelen ser más relajadas. A veces aprovechamos para hacer videollamadas con nuestras familias, preparar alguna merienda o simplemente conversar en el patio. Cuando cae la noche, llega la hora de la cena y el momento de prepararnos para dormir.
Rompiendo la rutina: salidas, visitas y experiencias nuevas
Aunque esta es nuestra rutina habitual, en Fundación Astier siempre hay lugar para lo inesperado. Nos encanta romper la rutina con salidas culturales, terapéuticas o de ocio. A veces visitamos museos, vamos a conciertos o recibimos la visita de nuestras familias en los hogares. Cada experiencia fuera del centro nos ayuda a ampliar horizontes y a sentirnos parte activa de la sociedad.
Una vida plena y con sentido
Así transcurre un día normal en Fundación Astier. Aquí, cada mujer con discapacidad intelectual construye su vida independiente con el apoyo de un equipo profesional comprometido, que acompaña sin sustituir, y que cree profundamente en las capacidades de cada persona.
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