Cuando hablamos de nuestro proyecto Villa Delta, no estamos hablando de la construcción de un edificio nuevo. Tampoco de una residencia, ni mucho menos de una institución al uso. Estamos hablando de algo mucho más grande: una especie de pequeño pueblo diseñado con mimo para hacer posible la vida independiente de mujeres adultas con discapacidad intelectual.
Pero hoy no venimos a hablar en tono solemne sobre nuestro proyecto estrella. Hoy os traemos las curiosidades como los porqués del nombre y los detalles que hacen de Villa Delta un proyecto pionero y, también, profundamente humano y original.
¿Por qué se llama Villa Delta?
La elección del nombre no fue casual. «Villa» viene de «pueblo», porque esa es exactamente la sensación que queremos que transmita este lugar cuando finalicen las obras de los 9 hogares: la de una pequeña comunidad donde todas las personas se conocen, se saludan por las mañanas, se cuidan, comparten espacios… y viven con autonomía y alegría.
En Villa Delta hay hogares, hay pequeñas calles, incluso plazas donde tomar el sol, sentarse a charlar o hacer alguna actividad, una capilla, un servicio médico y hasta una cocina central que nos alimenta a todos y nos da ese aroma de “comida de casa”.
Ahora, hablemos de “Delta”. ¿Qué tiene que ver un delta con todo esto? Pues mucho más de lo que parece. En los deltas confluyen muchos afluentes, muchas aguas distintas que se encuentran, se mezclan, se enriquecen entre sí. Y en Villa Delta pasa lo mismo: necesitamos muchas manos, muchas ayudas, muchos apoyos diferentes para que este proyecto sea posible. Desde las profesionales que acompañan a las mujeres cada día, hasta las familias, las personas voluntarias, las entidades colaboradoras y quienes creen que la vida independiente es un derecho, no un lujo.
El proyecto Villa Delta es la suma de muchas corrientes que fluyen hacia un mismo objetivo: que cada mujer extraordinaria pueda vivir su vida como quiera, en un entorno que respeta sus decisiones, sus tiempos y su forma de ser.
Un modelo que se contagia
Desde que pusimos en marcha el proyecto Villa Delta, muchas personas y entidades han venido a visitarnos. Este lugar tiene algo que engancha. No solo por su arquitectura sino por el ambiente que se respira.
Aquí se vive una vida independiente real: las mujeres deciden qué ropa se ponen, qué actividades quieren hacer, cómo decoran su hogar o si hoy prefieren pasear solas o en compañía. No hay rutinas inamovibles. Hay libertad, acompañada del apoyo necesario para que sea posible.
Y eso, claro, se nota. Se nota en las sonrisas, en las conversaciones espontáneas, en los proyectos personales que florecen, en el orgullo de poner la lavavajillas sola o de preparar un desayuno completo por primera vez.
Lo que ya está… y lo que viene
Ya tenemos dos hogares construidos, con mujeres viviendo en ellos de forma estable y feliz. Y estamos en plena Fase II, construyendo el edificio que acogerá talleres ocupacionales y espacios de uso cotidiano: salas para cocinar, aprender nuevas habilidades, reunirse, desarrollar actividades culturales o de ocio. Es decir, más herramientas para seguir impulsando esa vida independiente. Pero aún hay 5 fases más y la construcción de 7 hogares nuevos.


