Hoy, el corazón de la Iglesia late con un silencio profundo.
Desde la Fundación Astier, nos unimos en oración por el alma del Papa Francisco, pastor humilde y valiente, que supo guiar al Pueblo de Dios con ternura, firmeza y una fe inquebrantable.
Su partida deja un vacío, sí, pero también un legado de amor, misericordia y esperanza que seguirá iluminando el camino de millones.
Su vida fue testimonio vivo del Evangelio: amó a los pobres, defendió la paz, abrazó al mundo entero como un verdadero padre.
Elevamos nuestra oración confiada al cielo:
«Concédele, Señor, el descanso eterno, y brille para él la luz perpetua.»
Que su espíritu interceda ahora por nosotros, y que el fuego de su fe nos anime a construir una Iglesia más fraterna, más justa, más viva.
Unidos en oración por el Papa Francisco y por toda la Iglesia.


