La ceniza nos recuerda que somos frágiles, pero también que estamos llamados a la conversión y a confiar más en Dios. Este es un tiempo de gracia, de volver a el con un corazón sincero.
Pidamos en esta Cuaresma que, con la ayuda del Espíritu Santo y nuestro esfuerzo, podamos vivir la Palabra del Señor y acercarnos más a su amor infinito.




