Después de meses de espera y cuidado, hoy por fin hemos podido recolectar nuestro nabo blanco. Un pequeño gran logro que nos recuerda el valor de la naturaleza y el esfuerzo compartido.
Durante la cosecha, aprendimos a manejar la azadilla de mano, conectándonos con la tierra y con el ciclo de la vida. Llevamos nuestro tesoro a la cocina para preparar una deliciosa crema de nabo y puerro.



