La semana pasada tuvimos el honor de participar en el encuentro estatal organizado por Plena Inclusión España, junto a Plena Inclusión Madrid, bajo el lema de “Prácticas con Impacto”. Más de 500 personas de todo el país compartieron experiencias y reflexiones sobre cómo avanzar hacia una sociedad realmente inclusiva.
Para nuestra fundación, este tipo de espacios son una reafirmación de nuestra convicción: la vida independiente no es un ideal lejano, es una realidad posible, necesaria y urgente para mujeres con discapacidad intelectual.
Del discurso a la acción: el papel de las personas con discapacidad intelectual y sus familias
Un aspecto central de las jornadas fue ver cómo las propias personas con discapacidad intelectual y sus familias lideran el cambio. Por ejemplo, Plena Inclusión Madrid presentó una buena práctica denominada «Gobierno con Sentido Pleno: Coliderazgo de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y de las familias», que sitúa a estos agentes en el centro de la toma de decisiones. Este enfoque nos dice algo muy claro: no basta con “dar servicios”, sino que hay que convertir a la persona en protagonista de su vida, su proyecto, sus decisiones.
La participación activa de las familias también fue subrayada como motor de transformación: la creación de espacios formales de participación, estatutos que aseguran voz y representación, y el empoderamiento colectivo. Para nosotros, la vida independiente significa también que las redes de apoyo (familias, profesionales, la propia comunidad) estén colocadas al servicio del proyecto de la persona, no al revés.
Vida en comunidad, no en institución: clave para una inclusión real
Durante la intervención del presidente de Plena Inclusión Madrid, Tomás A. Sancho, se puso el foco en la desinstitucionalización y la vida en la comunidad como pasos necesarios del cambio.
Nosotros con nuestro proyecto Villa Delta, hemos apostado precisamente por modelos residenciales más cálidos y personalizados, donde las mujeres puedan vivir como eligen, en un entorno que fomente la autonomía y no sólo la asistencia.
La vida independiente implica una casa en la que se es persona ante todo, no “residente”. Implica vecinas, amigas, comunidad, elecciones, rutinas propias. Y sobre todo implica que la estructura de apoyo esté diseñada para que la persona tenga poder sobre su vida.
Un compromiso que se traduce en acción
Este encuentro no sólo nos hace mirar fuera, sino también mirar dentro. ¿Cómo reforzamos nuestra cultura de humanización, inclusión, innovación? ¿De qué manera comunicamos que la vida independiente es viable, deseable y posible? Al integrar estas reflexiones en nuestras líneas de actuación y comunicación, damos sentido a nuestra visión: “crear un mundo mejo”. Y también damos coherencia a nuestra misión: “ofrecer una vida plena y autónoma a mujeres con discapacidad intelectual”.
Por eso, el impacto de estas jornadas trasciende el evento: se convierte en combustible para reforzar el trabajo diario, para inspirar nuevas acciones, para sensibilizar a nuestra comunidad y para ser un referente de cambio cultural y estructural en el tercer sector.
Mirando al futuro: de la inspiración al proyecto compartido
Salir de un encuentro con cientos de prácticas inspiradoras y referencias de buena gobernanza es el primer paso. Pero lo verdaderamente transformador es traducir esa inspiración en proyectos concretos, en políticas, en acompañamientos, en visibilidad.
En definitiva: la buena práctica no es un fin en sí mismo, sino el inicio de un camino. Y ese camino pasa por caminar juntos hacia la plena inclusión. En Fundación Astier renovamos hoy nuestro compromiso: que la vida independiente sea una realidad cada vez más extendida y natural.
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