La discapacidad intelectual ha estado históricamente rodeada de prejuicios que han limitado la participación de las personas en la toma de decisiones sobre su propia vida. Durante décadas, muchas mujeres con discapacidad intelectual han sido invisibilizadas, infantilizadas o excluidas de espacios clave donde se definen aspectos fundamentales de su bienestar. Sin embargo, hoy el enfoque ha cambiado: hablar de vida independiente es hablar de derechos y autodeterminación.
La Convención de Naciones Unidas reconoce que todas las personas con discapacidad tienen capacidad jurídica en igualdad de condiciones, lo que implica poder tomar decisiones sobre su vida con los apoyos necesarios. Este cambio de paradigma es clave. Además, el derecho a vivir de forma independiente supone que cada persona pueda decidir dónde y con quién vivir, cómo organizar su día a día y qué proyecto vital desea construir.
En este contexto, el papel de las mujeres con discapacidad intelectual cobra una relevancia especial. Diferentes estudios señalan que han sufrido una doble discriminación: por discapacidad y por género. Aun así, también evidencian una creciente reivindicación de su capacidad para decidir, expresar preferencias y liderar sus propias vidas.
Un paso más allá: mujeres que asesoran y deciden
En este marco de derechos y transformación social, iniciativas como la de Fundación Astier representan un avance significativo. Las mujeres con discapacidad intelectual que viven en la entidad no solo participan en su vida cotidiana, sino que han dado un paso más: se convierten en asesoras a la dirección, colaborando directamente con nuestro director, Borja Lucas.
Este grupo de mujeres se configura como un espacio real de participación donde se pone en práctica la autodeterminación. Su cometido es claro: trasladar a la dirección sus necesidades, preferencias, inquietudes y propuestas de mejora. Desde cuestiones relacionadas con la vida diaria en los hogares hasta ideas para mejorar su bienestar, su voz se convierte en un elemento clave en la toma de decisiones de la organización.
El valor de la participación
La experiencia demuestra que cuando las personas con discapacidad intelectual participan en la toma de decisiones, los servicios mejoran y se adaptan mejor a la realidad.
En Fundación Astier, este grupo de asesoras pone sobre la mesa cuestiones esenciales: cómo quieren vivir, qué actividades les hacen sentirse bien, qué cambios mejorarían su día a día o cómo quieren relacionarse con su entorno. Este ejercicio no solo mejora la calidad de los servicios, sino que fortalece su autoestima, su autonomía y su sentido de pertenencia.
Hacia un modelo centrado en la persona
Hablar de discapacidad intelectual y vida independiente implica avanzar hacia un modelo centrado en la persona. Un modelo en el que cada mujer tenga la oportunidad de decidir sobre su propia vida, con apoyos personalizados y respetando sus tiempos, capacidades y deseos.
¿Quieres conocer más sobre nuestro día a día?
Síguenos en redes y descubre cómo apoyar nuestro proyecto.


