Con mucha cara y mucho arte, la exposición impulsada junto a la Fundación Pablo VI, no es solo una muestra artística: es un espacio de encuentro y de reconocimiento. Un lugar donde las mujeres con discapacidad intelectual de Fundación Astier se colocan en el centro, no como espectadoras, sino como protagonistas de su propio relato.
El otro día lo vivimos de una forma muy especial. En la presentación oficial de la exposición, acompañadas por el director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela, y por nuestro director, Borja Lucas, las artistas de Fundación Astier guiaron a los trabajadores y trabajadoras de la Pablo VI por la muestra. Fueron ellas quienes explicaron las obras. Ellas quienes contaron el proceso creativo.
Porque hablar de vida independiente y discapacidad intelectual no es solo hablar de vivienda, apoyos o derechos. Es hablar de voz, de capacidad de decisión y de oportunidades reales para participar en la vida cultural, social y comunitaria.
Cada obra expuesta es el resultado de un proceso creativo acompañado por el artista Arturo Fernández, pero, sobre todo, es el reflejo de un proceso vital. Crear implica elegir, expresar, arriesgarse, mostrarse. Y todo eso forma parte del camino hacia una vida más autónoma y plena.
Durante la visita, las mujeres no solo hablaron de colores, formas o técnicas. Hablaron de lo que sentían. De lo que querían transmitir. De cómo habían vivido el proceso. Y el público escuchaba. Desde el respeto.
Arte e inclusión real
La exposición es, además, un ejemplo claro de cómo la inclusión real se construye desde la colaboración. Fundación Astier y Fundación Pablo VI han creado juntas un espacio donde el arte se convierte en un puente: entre entidades, entre personas, entre miradas distintas.
Ver a las artistas explicar sus obras, responder preguntas y recibir reconocimiento es una experiencia transformadora. Para quienes participan, porque refuerza su autoestima y su sentido de pertenencia. Y para quienes visitan la exposición, porque cambia la forma de mirar la discapacidad intelectual: ya no desde el límite, sino desde el potencial.
Con mucha cara y mucho arte nos recuerda algo esencial: la vida independiente también se construye desde la cultura, desde la posibilidad de expresarse y de ocupar espacios públicos con orgullo. Desde el derecho a ser vistas, escuchadas y valoradas.
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